Va a hacer tres meses de que el último residente abandonara la residencia, tres meses de adaptación a los nuevos geriátricos en donde están, y de la nueva residencia no sabemos casi nada, cerraron las persianas y seguimos con esa tristeza de ver una residencia cerrada, muerta, donde solo el guarda jurado acompaña al cadáver.

Hemos visto camiones de mudanzas y sabemos que las sillas o sillones los han llevado a los hogares de jubilados, pero ¿Donde está la premura del desalojo? ¿Por qué tenían antes tanta prisa?
Parece que ahora no saben que hacer, que plan seguir, el macroproyecto de 50 millones de euros que anunciaron a bombo y platillo o quizás remodelar el edificio existente.
Lo que pedíamos en julio lo seguimos pidiendo ahora: ¡REMODELACIÓN POR PLANTAS YA! para que los ancianos vuelvan, lo más rápidamente posible, a su hogar, de donde nunca debieron de haber sido expulsados
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